sábado, 21 de marzo de 2009

¿Cormoranes asesinos?¿Quienes son los exterminadores realmente?

La producción del pescado de estero cae en picado por el exceso de cormoranes

Las explotaciones tradicionales acusan el crecimiento poblacional de estas aves que hibernan en la Bahía y se alimentan de los esteros · Algunas salinas, como La Leocadia, pierden casi por completo su producción

María Llebrez / San Fernando | Actualizado 19.03.2009 - 01:00

Zona de acceso a la salina de La Leocadía, en la que se aprecian los esteros de fondo.

Manuel Prado (PA).
Son parientes de los pelícanos. Tienen entre las patas una membrana interdigital que une los cuatro dedos. Siempre se encuentran cerca del agua, salada, o dulce, porque se alimentan de lo que ella produce. Y lo hacen en grandes cantidades. Los cormoranes, que cada temporada acuden entre septiembre y marzo a regiones más calidas del sur de Europa como ésta para pasar el invierno, tienen una población en crecimiento constante y un apetito voraz que, como dice el refrán, les agudiza el ingenio.

Según cálculos del centro de visitantes del Parque Natural, sólo el año pasado pasaron por este espacio más de 3.000 unidades, distribuidas en bandadas de entre 500 y 600 ejemplares. Para los cormoranes, acostumbrados a pescar a sus presas hasta diez metros bajo la superficie, la posibilidad de hacerlo en un estero, con unas dimensiones reducidas y una elevada concentración de alimento, es todo un regalo. Como un frigorífico que sólo tienen que abrir para servirse al gusto.

Lisas, doradas y lubinas, entre otras, que se engordan durante todo el año para, entre los meses de octubre y enero, despescarlos y venderlos. Precisamente cuando los cormoranes llegan es el momento en que el pescado se encuentra en mejor estado, ya engordados. Pero ya no sólo se comen éste, sino también acuden a los chiqueros (esteros de menor tamaño) donde crecen las especies durante el primer año hasta pasar al estero donde permanecen otro, hasta ser recogidos.

De esta manera, cuando un cormorán se alimenta de los esteros, pero también de los chiqueros, causa estragos en la producción de ese año, pero también del siguiente, como explica José Luis Molinero, presidente de la asociación de pequeños productores de pescado de estero tradicional de la Bahía de Cádiz y propietario -todavía, ya que la mayor parte de las salinas han pasado a ser explotaciones- de la salina de La Leocadia. Porque el principal problema lo tienen, como La Leocadia o San Vicente, las explotaciones salineras de cultivo extensivo tradicional, debido a que sus esteros no tienen forma regular y son más difíciles de proteger de estos 'ataques' de los cormoranes.

Las cifras hablan por sí solas. En La Leocadia, por ejemplo, la producción de este año respecto al pasado se reduce al 1,4 por ciento. Lo cual quiere decir que practicamente no han conseguido salvar nada. Ni tampoco de los chiqueros, por lo que el problema, matiza Molinero, se extiende ya a la producción de la siguiente temporada. Por esta razón, cree imprescindible que se tomen medidas urgentes ya al respecto. La situación puede volverse insostenible para muchas de las explotaciones de San Fernando, pero también de la Bahía.

Por su parte, en la salina de San Vicente, la cantidad perdida se aproxima al 50 por ciento. Su responsable, Manuel Ruiz, explicaba que este porcentaje ha podido salvarse gracias a que una de las salinas donde se crían los peces está muy cerca de la casa en la que habitan -en la misma salina- y han podido estar atentos. La otra, más grande, tiene al lado un poste de luz que los cormoranes utilizan de dormidero.

Poco se puede hacer, confiesa éste, ante la habilidad de esta especie para hacerse con el alimento. La colocación de redes, por ejemplo, es una solución en los cultivos semiextensivos porque su perfil es rectangular. Pero en su caso se convierte en algo bastante complicado, porque siempre quedan resquicios por donde se cuelan las aves. La utilización de cañones de aire, apuntaba por su parte Molinero, sirve los primeros días. Los pájaros se acostumbran a su presencia y no les espantan. Otras opciones están prohibidas por poner en peligro la vida de la especie. Están, aseguran, en un callejón sin salida.


(phalacrocorac carbo)

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