Primavera astronómica vs. primavera meteorológica ¿y la primavera fenológica?
¡Hola a todos!
Hace unos días alguien comentó por el pueblo: “Ya estamos en primavera”. Y yo pensé… ¿según quién?
Porque claro, la primavera puede empezar en marzo. O puede empezar antes. O puede no haber empezado todavía, aunque haya señales indirectas que digan que sí.
Y aquí es donde entran en juego dos primaveras distintas: la astronómica y la meteorológica. ¿Sabes las diferencias? Sigue leyendo que te las cuento.
La primavera astronómica
La primavera astronómica comienza con el equinoccio de marzo, que suele ocurrir alrededor del día 20 o 21 de este mes.
Este momento se produce cuando el Sol cruza el ecuador celeste y el día y la noche duran prácticamente lo mismo. A partir de ahí, en el hemisferio norte, los días empiezan a ser más largos que las noches y comienza nuestra primavera.
Esta primavera astronómica es un evento astronómico real, medible y exacto. No depende de sensaciones ni de temperaturas, sino de la posición de la Tierra con respecto al Sol.
La primavera meteorológica
La primavera meteorológica, en cambio, empieza siempre el 1 de marzo y dura hasta el 31 de mayo según los meteorólogos.
¿Y por qué esta división? Porque a efectos climáticos y estadísticos es más práctico dividir el año en bloques completos de tres meses (marzo, abril y mayo) para poder comparar datos de temperatura y precipitaciones de forma más ordenada.
Esta división no tiene que ver con el Sol cruzando ningún punto concreto, sino con la organización del clima por estos profesionales de la meteorología.
La primavera fenológica
Mi perrita Ori, empieza a mudar su pelo. Llegan los aviones (Delichon urbicum) para volver a ocupar sus nidos desde que nos dejaron a primeros del otoño pasado. Empiezan a brotar los árboles, arbustos y plantas, tanto del campo como de mi jardín. Se activan los insectos, suenan los cantos de las ranas por la noche, chillan los murciélagos en los huecos de las persianas...
Así que yo diría que la primavera no empieza: se insinúa.
La naturaleza no consulta el calendario.
Responde a señales mucho más sutiles a las que todos deberíamos estar conectados: horas de luz, temperatura del suelo, humedad, acumulación de frío invernal, fotoperiodo…
Y cada especie tiene su propio reloj.
Hay años en los que el campo está explosivo en febrero.
Otros, en los que marzo sigue oliendo a invierno.
Y ahí es cuando uno entiende que las estaciones oficiales son una simplificación útil… pero no siempre coinciden con lo que vemos.
Creo que, nos hemos acostumbrado a vivir las estaciones como fechas cerradas:
- “Ya es primavera”.
- “Quedan tantos domingos para que sea verano”.
Pero si sales a observar con calma, si miras un poco más despacio, te das cuenta de que las estaciones no cambian de un día para otro. Se deslizan por cada minuto, cada brote, cada canto.
Y tú ¿Dónde notas que la primavera ya llegó?
Un saludo.
Bea.


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